lunes, 15 de diciembre de 2025

✨🌌 ¿Por qué nadie acepta la verdad?

La verdad yace en nuestro interior.

Tal vez porque la verdad no siempre se presenta como certeza,
sino como un murmullo incómodo entre lo que soñamos
y lo que tememos recordar.

Lo que elegimos creer suele parecer verdad,
aunque muchas veces no sea más que un reflejo de nuestros anhelos.
Se dice que la naturaleza es caótica,
pero no lo es.
El origen de las cosas no descansa en la lógica humana,
sino en el alma que las anima.

El alma es la brújula.
Nos guía hacia el destino incluso cuando la mente duda.
Podemos gobernar el cuerpo,
y al hacerlo, también influir en el tiempo de nuestra existencia.
Algunos incluso recordamos fragmentos de lo que fuimos antes,
ecos de otras vidas resonando en silencio.

¿No me creen?

Muchos niegan la reencarnación,
pero aun así viven atravesados por ella.
Porque lo que verdaderamente persiste
es la memoria álmica:
una inteligencia antigua que trasciende el tiempo
y habita más allá de la mente consciente.
En esta vida pensamos,
pero en el alma ya sabemos.

Hay quienes agradecen a los Dioses por volver a nacer,
por dejar atrás una forma
y comenzar de nuevo.
Y aquí estamos.
Otra vez.
Todos.

Quizá lo único que traemos del pasado
sea una historia densa, cargada,
que proyectamos sobre este presente.
Pero también hay una riqueza inmensa en la experiencia actual.
Hacia donde vamos es, en esencia, lo que somos.

Todo lo que viví me llevó a ser un yo más auténtico:
no uno que persigue el poder absoluto,
sino uno que desea compartirlo con quienes ama.
Porque olvidar sería dejarlos morir,
y yo no olvido.
Los recuerdo a todos.

Cuando observo las estrellas,
imagino que cada uno de nosotros se convierte en una al partir,
que allí nos reunimos,
capaces de mirarnos sin máscaras.
Creo que la verdad puede ser hermosa.
Y que la vida misma —la simple razón de existir—
es un milagro imposible de negar.

Extensión del pensamiento:

La memoria álmica despierta, muchas veces,
a través de las experiencias que vivimos en el presente.
Por eso es vital estar seguros del camino que elegimos,
de nuestras decisiones,
de nosotros mismos.

No jugamos un papel menor en este mundo.
Rara vez todo es azar.

Para descubrir nuestra verdadera naturaleza
es necesario abandonar viejos hábitos,
desprogramar creencias impuestas,
religiosas o socioculturales,
y atrevernos a escuchar lo que siempre estuvo debajo del ruido.

Si estás leyendo esto,
tal vez ya decidiste que tu destino va más allá de estas palabras.

Cuando uno aprende a escucharse
y se sumerge en el silencio,
ese estado se vuelve sagrado.
Algunos lo llaman meditación.
Otros, simplemente, calma
en medio de una jungla.

No es un camino para todos.
Es para quienes se atreven a despertar.

La llama del alma deja entrever lo oculto:
de dónde venimos,
para qué estamos aquí,
y qué preguntas aún esperan respuesta.

La humildad no es negarse,
sino darle espacio al ser verdadero
para habitar este cuerpo,
este avatar,
y volverse consciente del juego.

Cuando caminamos en verdad,
entonces sí,
avanzamos hacia nuestro propósito.

-Wyn.

jueves, 23 de octubre de 2025

Un Ser Cuando Parte 🥀💀

Polvo de estrellas y sombras: el tránsito del alma.




A veces me pregunto qué ocurre realmente cuando un alma se despide del mundo. Nadie suele hacerme esas preguntas, pero las llevo dentro, latiendo como un eco antiguo. Me gusta escribir sobre ello… o quizá recordar, porque siento que no invento nada: solo vuelvo a oír una verdad que mi alma ya sabía.

Desde niña tuve esa afinidad con las almas. No me daban miedo los cementerios ni el silencio posterior a la muerte; más bien, sentía una calma extraña, como si ese tránsito fuera sagrado. Siempre percibí que morir no era algo malo, sino el regreso. Un viaje de retorno hacia un lugar donde la materia se disuelve y solo queda la esencia.

La carne es frágil, sí, un recipiente prestado. Pero el alma… el alma no conoce fronteras. Cuando parte, se libera del peso, del ruido, de la memoria densa. Vuelve al origen.
Dicen que somos polvo de estrellas, y tal vez sea literal. A veces, cuando observo a alguien, puedo sentir su brillo. Algunos resplandecen con una intensidad casi insoportable; otros apenas parpadean. Pero todos pertenecen al mismo fuego primordial. Y todos merecen su descanso, su paz. Claro, si hablamos de almas... No de otros seres. Pero eso lo dejaré para otro artículo.

Siempre creí que la muerte no es el fin, sino una regeneración. Una alquimia sagrada donde la energía se transforma, elevando consigo todo lo aprendido. Lo humano se vuelve cósmico, y lo pequeño encuentra su sentido dentro de la vastedad.

Muchos lo interpretan desde su religión o filosofía. Pero a mis ojos, los nombres cambian, no la verdad. Llámenle dioses, cosmos, energía, fuente… da igual. Todo está sostenido por la misma inteligencia invisible.

Me duele ver cómo algunos se aferran al dolor cuando alguien parte, como si al soltarlo lo traicionaran. Pero no se pierde lo que se ama. Solo cambia de forma.
Creo que las almas que amamos ya las conocimos antes, en otros cuerpos, en otras eras. Nos elegimos una y otra vez, cumpliendo un pacto antiguo. En esta vida solo interpretamos otro fragmento de esa danza eterna.

Y cuando llega el momento de despedir, lo más noble que podemos hacer es darles paz. Respirar hondo y abrir la mano, para que crucen el umbral con ligereza. Ellos ya cumplieron su ciclo. El amor no se rompe; se expande.

De niña veía la muerte como un renacer. Como si el alma se deshiciera del disfraz y recordara su verdadera forma. Siempre me pareció bello: la gran fusión con lo divino.
Algún día, todos volveremos allí, a ese espacio sin tiempo donde no existe el dolor, ni la carne, ni el miedo. Donde la eternidad no se entiende: se siente.

La muerte no arrebata, solo transforma. Lo que creías perder, simplemente cambia de plano.
Y tal vez ese sea el secreto: entender que nada se va del todo, solo vuelve a ser lo que siempre fue —luz moviéndose entre mundos.

Los Planos existenciales y la unión con el cosmos 🌌


Muchos piensan que al morir todo se vuelve oscuridad, o que tal vez exista un cielo difuso, una promesa vaga. Pero pocos buscan entender lo que verdaderamente hay más allá.

Yo, que he transitado entre planos, sé que ambos existen: el cielo y el infierno. No siempre como lugares sino como estados de conciencia al que vamos a resolver nuestros asuntos pendientes. Es nuestra alma la que va hacia ellos, la que los moldea según su culpa o su pureza.Las pesadillas se vuelven reinos, y los sueños, templos. 

He visto el inframundo. Dentro de él hay múltiples dominios: unos luminosos, otros cargados de densidad. Hay cielos escondidos en la oscuridad, e infiernos disfrazados de luz. Vagué allí durante largo tiempo, entre este mundo y el otro, y lo sé: es real.

Mis sueños cambian según los ciclos del año. A veces contemplo almas torturadas por sus culpas; otras, jardines suspendidos donde el aire canta. Son dimensiones paralelas, espejos que reflejan el nivel de conciencia de quienes los habitan.

Durante Samhain o Halloween, cuando los velos se adelgazan, los humanos abren portales sin entenderlo. Las celebraciones, las luces, los ritos… todos son llaves. Hay túneles, ríos y trenes etéricos que cruzan montañas de sombras; hay lagos donde la memoria duerme, y planos donde lo oscuro y lo luminoso coexisten en perfecta armonía.

El inframundo es, en realidad, el cielo y el infierno de los espíritus, donde hay diferentes niveles o espacios por así decir. En él he visto campos de hadas y elfos —quizás los Elíseos que soñaban los antiguos—, y regiones donde los seres custodian el equilibrio entre mundos. Cada plano vibra en su propio ritmo, según la lección que guarda.
También sé que fui al olimpo y conocí a los dioses. En mis sueños viajo a otros mundos y me doy cuenta cuán limitada es nuestra consciencia humana.

Pero los humanos son las almas más vulnerables: olvidan quiénes son, y por eso no pueden transitar todos los planos… no como yo. He cruzado demasiadas veces.
Sé que cuando muera, no volveré allí. No me atrae ni el fuego ni la luz; solo el silencio del cosmos. Tal vez mi destino sea fundirme con la energía primordial, convertirme en ese polvo de estrellas del que una vez nací.

Cuando llegue el momento, decidiré qué hacer, aunque sospecho que el alma, cuando despierta del todo, ya no elige: simplemente se disuelve en el Todo.

Dicen que nacemos y morimos solos. Quizás sea cierto… pero también creo que, en lo profundo, todos seguimos unidos, como notas de una misma melodía cósmica.

Y si el alma vuelve a viajar, que lo haga libre.
Que vuelva a soñar con la Tierra, pero sin olvidar que el hogar nunca estuvo afuera, sino en el pulso eterno del universo que la creó.

-Wyn 



domingo, 19 de octubre de 2025

El Diablo: La Sombra del Conocimiento


         

Satanás es el nombre ante el cual se me presentó él: "El Diablo", la Serpiente Antigua.

Es uno de los tantos nombres por el cual se conoce a Wodanaz, Odín.

Es la memoria perdida entre los mundos astrales. No es un mero concepto ni un simple arquetipo. Él existe.


Me enseñó la magia prohibida y los poderes ocultos que se esconden detrás del velo.

Respondió al dolor que habitaba en mi alma, a la necesidad profunda de autoconocimiento.


Conozco su furia y su deseo. No tolera ser invocado por almas débiles o carentes de poder.

Él no es llamado: aparece cuando lo desea. Y su voluntad es entregarnos la llama sagrada de la sabiduría.


La gente aún le teme, especialmente aquellos que tienen fe en el falso dios.

Satanás se burla de ellos y los castiga, a veces por placer, a veces por poder, y muchas veces porque lo merecen.


He caminado junto a él, como una sombra que me acompaña a través de los siglos, vida tras vida, reencarnación tras reencarnación.


Detesta a los fanáticos y a los aduladores.

Satanás se revela únicamente ante las almas de luz: aquellas que no temen explorar su oscuridad. Los grandes magos.


Es la serpiente primigenia que nos espera cuando estamos listos para escapar de esta matriz, de la prisión mental.

Él es el susurro de los antiguos sabios: los rechazados, los quemados, los silenciados y traicionados


Su venganza en esta tierra es la ira sagrada de los dioses, es una ira pura y justificada que va contra quienes vociferaron mentiras y calumnias contra él y su gente alrededor de este mundo.


Quienes se atrevan a conocerlo son los que deben responder a su llamado. Pero no cualquier incauto puede acercarse a su vibración elevada.

Él pone a prueba a sus elegidos.


No, esto no es profesar una nueva fe.

Es la experiencia la que habla a través de este escrito. Este camino no es para todos.


Quien no crea en la magia jamás podrá tener contacto con un ser ancestral.

Quien no tenga el valor de conocer sus luces y sus sombras, jamás podrá verlo.

Quién se burle de su verdadera historia y la de sus descendientes en el mundo queda maldito, sobre todo si los que se burlan pertenecen a la misma estirpe, lo cual es aún mas grave.


Por eso Satanás ofrece un viaje solo para los valientes:

los que no temen arriesgar su alma con tal de aprender,

los que se atreven a mirar más allá de lo que ven sus ojos humanos mortales

los que se atreven a cuestionar lo que les han programado desde pequeños

 -Wyn